lunes, 19 de abril de 2010

Las preferencias de Tío Rico.

 Troy Hardin - Mr. Establishment.
Nunca he pretendido desde este blog o desde la militancia concreta (esa que nos hace recorrer los caminos de mi ciudad, provincia, y del país desde septiembre del año pasado) establecer ninguna categorización acerca de la bondad y/o maldad de algún (o varios) dirigentes desde un aspecto subjetivo.
Solamente intento expresar cual creo que es el camino que tiene que seguir el radicalismo en consonancia con su identidad, con su tradición histórica.
Cuando hablo de tradición histórica, hablo del radicalismo auténtico, el de la Causa, el radicalismo generador de próceres (Yrigoyen, Illia, Alfonsín, Sabattini, Larralde, Del Castillo, Lebensohn, Balbín, por citar a unos pocos).
Esos próceres lo fueron por su identificación con un modo de ver el país, humanista, igualitario, ético, en definitiva lo que hoy se llama "progresismo", generalizando. Cuando les tocó actuar, pusieron por delante esos valores y resistieron todos los cantos de sirena.
Lo que a mí me preocupa son estas piruetas de la rosca, haciendo lo imposible por seguir definiendo la cosa. Y lo que pueden llegar a representar y cómo los intereses que siempre fueron ajenos a la Unión cívica Radical, pretenden condicionar la tarea.
Invito a leer esta nota: Sanz se consolida como el candidato radical del establishment. Debe tenerse en cuenta qué nombres son los recurrentes.
Lo he dicho otras veces, incluso ante los micrófonos de la prensa o la tribuna: creo que quien mejor expresa esa tradición es Ricardo Alfonsín.
Porque no tiene compromisos con el establishment, ni siquiera con el partidario. Por lo tanto, creo que tiene que ser quien enarbole estas banderas y se convierta en la expresión del radicalismo ante la sociedad.
Lo sostengo desde antes de que tuviera la más alta imagen positiva entre los políticos argentinos. 
Pero curiosamente, esa medición que antes era significativa en otro candidato para valorar su regreso y su proyección, en Ricardo no es aceptable y por un curioso "per saltum" de la trenza, el plan B es Sanz. ¿Raro, no? ¿A quien favorecen las piruetas? ¿Qué intereses son los que se esconden tras ellas?. Curiosamente el apellido Alfonsín no lo convierte en candidato natural a Ricardo, pese a las insidiosas sugerencias de mentes obtusas e interesados operadores. Entonces, la cuestión no es de apellidos.
Por eso creo necesario advertir las maniobras de los pícaros que como no ven garantías para su supervivencia política, porque creen ser los únicos capaces de interpretar a la sociedad y de dirigir el radicalismo; son capaces de lo que dice esta otra nota: Sanz, el plan B del la UCR si Cobos da el mal paso. 
Todo esto lo digo sin desmerecer a Ernesto Sanz y a su tarea en la etapa en que resistir era nuestra lucha.
Porque yo también me quedé en la UCR, nunca me fui. Desde 1986, cuando voté por primera vez, lo he hecho siempre por los candidatos que el partido ha llevado orgánicamente, incluido Lavagna. Y lo seguiré haciendo, porque entiendo que esa es la lógica de la democracia y que en eso consiste pertenecer a un partido político.
Pero ojo: a los candidatos los tenemos que elegir nosotros, los radicales. No Clarín, Techint, 2 consultoras o el Tío Rico. O tres reptiles voladores en una oficina de Buenos Aires, influidos por lo anterior.
A eso me refiero siempre. No quiero más sorpresas. No quiero nuevas frustraciones.

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